22 marzo 2006

A los ojos de la serpiente

Quisiera decirlo mirándote a los ojos, pero tal debe ser tu vergüenza acumulada que una capucha me impide ver si tu expresión es de sinceridad o de ironía.
No espero que leas estas líneas, pues no me arrogo la importancia social que tú sí te das, pero he llorado tanto con tus fechorías que me creo en el derecho de pedirte que no me falles.
Y lo escribo en verde, en verde esperanza.

Te creí cuando dijiste que matarías a Miguel Ángel si no se cumplían tus exigencias. Y lo hiciste.
Te creí cuando dijiste que las bombas de Madrid no eran tuyas. El tiempo te da la razón.
Y ahora, cuando me dices que me quieres dejar en paz, que no volverás a hacer lo que hiciste con Ernest, con Gregorio, con Miguel Ángel y con tantos pedros, marías, antonios o encarnas, te quiero creer.

Quiero que tu nombre sea historia.
Quiero que mis hijos sepan de tus “hazañas bélicas” por los libros y el cine, como ahora leen que en este país hubo una guerra y que los nazis fueron responsables del Holocausto.
Quiero que, de verdad, me dejéis en paz.

No olvidaré lo que pasó con mis compañeros, con mis vecinos. No.
No te prometo olvido, pero si cumples tu palabra, te prometo perdón.

Serpiente, no me falles y no te fallaré.

11 marzo 2006

Esto no chuta


La noticia primero me provocó náuseas, después se acumuló la indignación y por último la sensación de vivir en la Edad de Piedra.

Veamos los hechos, según las noticias de prensa: una niña de 5 años, es maltratada desde hace al menos 4 meses. La visitan dos hospitales, conocen del tema dos juzgados, dos cuerpos de policía y dos servicios sociales municipales.
Resultado: se teme por la vida de la niña tras la última paliza.

No cabe duda de que el Estado de Derecho ha funcionado y funcionará. Ante la denuncia, el juzgado se pone en marcha, la policía actúa, etc. Y los culpables tendrán un juicio con todas las garantías y ajustado a la Ley. Pero el Estado Social, el que nos debe hacer iguales en la diferencia, el que debe protegernos de las injusticias del Derecho Positivo puro y duro, el que debe tener el respeto por los Derechos Humanos como pilar sobre el que sustentarse, no ha funcionado.

Por partes.
¿Qué hacen los educadores de la niña ante las evidencias de maltrato? O no enterarse o mirar a otro lado. Mal, muy mal.
¿Y los servicios sociales? Mirar las musarañas (una de las asistentas sociales que vio a la niña ha declarado que, como era nueva, no supo qué hacer). Con independencia de la posible responsabilidad civil de la asistenta social y la patrimonial de la Administración –de la que pienso discutir un poco con el Dr. Seuba cuando tengamos un rato y un par de patxaranes– existe una responsabilidad moral y política que debería hacer pensar a alguien en dimitir.
La Justicia. Por lenta, injusta. ¿A Su Señoría no se le ocurre método más rápido de pedir la intervención policial que enviar una carta por correo ordinario en mitad de las fiestas navideñas? Tardó 18 días en llegar, en los que quizás la niña siguió sufriendo maltrato físico ¿No tienen teléfono, ni fax, ni correo electrónico ni, si me apuran, tam-tam? Además, se equivocan de cuerpo policial (bastante liado está el tema como para que además los jueces no sepan quién es quién). Por cierto, si un abogado se equivoca de juzgado al presentar una demanda puede llegar a sufrir las burlas de sus colegas y ser denunciado por su cliente por incompetente (más tema para el amigo Seuba). ¿Pasará lo mismo con S.S.?
Y lo de la Policía… también sin nombre. Reciben la orden por correo, y por correo contestan que ellos no tienen competencia (sale y sale el dualismo competencia / incompetencia). Tampoco tienen fax, teléfono o tam-tam.

¡QUE ALGUIEN LES EXPLIQUE QUE LOS MALTRATOS EN EL ÁMBITO FAMILIAR NO SON CUENTOS CHINOS!

Ya habrá quien diga que la culpa es del Estatut y de la falta de coordinación entre policías, y tal y tal. Quizás. También hay quien se frote las manos para pedir un Estatut mejor, para que tengamos justicia catalana, policía catalana y servicios sociales catalanes. También quizás. Pero, a estas alturas de la película, y con una niña, que podría ser mi hija, que tiene la edad de David y su inocencia y su mirada de ángel y sus preguntas inocentes e inteligentes y sus abrazos de amor sincero, me da igual si la cagamos a la catalana o al pil-pil.

19 febrero 2006

Alter pollus cantorum

No hace muchos días, un amigo me llamó para decirme que su hija, de 21 años, tenía un aviso del juzgado para que pasara a recoger una notificación urgente e importante. Pensando quizás que pudiera estar metida, aún sin saberlo, en algún lío, la acompañó. Las noticias no eran malas (en principio): la chica tenía que comparecer al día siguiente en la Audiencia Provincial para una selección de jurado.
Es decir, la joven sólo había tenido la "suerte" de ser seleccionada para ser jurado. Así que se presentó en la Audiencia a la hora prevista, para pasar la selección y con la idea de volver a su tranquila vida. Pero no.
Nada más acabar la selección (parece que le gustó a todas las partes, pues la escogieron), y sin que la hubieran avisado, pasó a la sala de vistas, donde se inició el juicio. Un juicio por presunto asesinato, que comenzó con el interrogatorio al reo.
Sobre las peripecias del juicio nada contaré, porque la información no es de primera mano, pero seguro que no tiene desperdicio (la presión de la responsabilidad, la incomunicación en un hotel, la custodia de la Guardia Civil...).
Pero me permitié reflexionar sobre el funcionamiento de la Justicia (así, con mayúsculas, dada su importancia para la cohesión social y el buen funcionamiento del estado de derecho).
Ser miembro de un jurado popular es toda una responsabilidad y una situación que puede comportar muchas sensaciones fuertes y hasta contradictorias. Presión, miedo, desconfianza... Por eso, la información por parte de la Administración de Justicia es primordial. No sólo para tranquilizar a quien tiene en sus manos la posibilidad de canviar negativa o positivamente la vida de un presunto delincuente, sinó también para garantizarle un juicio justo.´
Al parecer, nada de eso existe. Se recibe una notificación, de la que nada te explican, más que de la posibilidad de ser multado en caso de incomparecencia, te meten en una sala y... a juzgar. No hay tiempo para presparse psicológicamente, ni para avisar en el trabajo, no para asesorarse de cuáles son tus derechos y obligaciones. Nada.
No es un problema de la Ley del Jurado. Una ley alabada por unos y denostada por otros. Es, como he dicho, una cuestión de mal funcionamiento de la justicia. Un funcionamiento, permítaseme la expresión y que nadie vea desacato, un tanto prepotente. Yo juzgo, tu cumples con tu obligación y lo demás no importa.
Esta anécdota (para mí que no la viví, pero no para su protagonista) puede sumarse a otras muchas situaciones a las que nos enfrentamos los usuarios de los tribunales, en las que la Ley pretende una cosa y la Justicia consigue otra.
Como el caso de los juicios monitorios. Son esos juicios para la reclamación rápida de deucas, en las que no se necesita abogado y procurador para presentar la demanda y en función de la cuantía y de la materia, ni para seguir la acción (debo decir aquí que es una de las pocas reformas legislativas de fondo que alabo de la época del gobierno del Partido Popular, pero eso es harina de otro costal). Esas demandas se pueden presentar en unos formularios gratuítos que te dan en el juzgado, pero que, a pesar de todo, deben cumplir unos requisitos (firma, aportación de documentos, etc.). Pues bien, que a nadie que le ocurra ir al juzgado a preguntar si la demanda que está presentando cumple con los requisitos mínimos exigidos en la Ley de Enjuiciamento Civil, pues se puede encontrar con la respuesta de "yo sólo se lo sello, si tiene alguna duda consulte con un abogado". Pues bien vamos. La Ley facilita al ciudadano que reclame las pequeñas deudas, pero debe tener abogado para ello. Para eso no hacía falta la reforma de la Ley.
La reforma de la Administración de Justicia sigue siendo la gran asignatura pendiente. Y no se hace sólo con reformas legislativas, se necesita acción política y, como siempre, dinero.
De poco sirve que los jueces deban o puedan atendernos en catalán si el acceso a la justicia sigue siendo tan difícil como siempre.
Si en vez de pedir firmas para nada (aunque para fastidiar mucho) o manifestarse para pedir poder decidir -gran incongruencia de la que quizás escriba otro día-, los políticos del país se dedicaran a solventar este y otros temas básicos para nuestro bienestar, otro gallo nos cantaría.

01 febrero 2006

PARTICIPAR O DECIDIR


Sé que lo que voy a escribir será para muchos políticamente incorrecto, pero...

Ayer asistí a la reunión del Pleno del Ayuntamiento de mi ciudad.
Quiero decir que hace muchos años que mes a mes asisto a estas reuniones, en las que se discuten y deciden muchos asuntos que nos afectan directamente a todos cuantos vivimos en sus casas y disfrutamos de sus espacios. Y quiero decir que siempre he sentido admiración por las 21 mujeres y hombres que, al menos una vez al mes, tienen que tomar decisiones no siempre comprendidas, muchas veces criticadas y algunas veces absolutamente y objetivamente equivocadas.

Desde hace unos 4 años, es común que en las reuniones del Pleno intervengan representantes de entidades vecinales, para expresar las quejas de sus representados o para solicitar tal o cual intervención municipal. Debo aclarar que últimamente las reivindicaciones vecinales se han ido sustituyendo por simples críticas políticas, a mi entender impropias y sospechosamente calcadas a las críticas políticas de determinado partido, pero ese es un asunto que daría para otro comentario más extenso.
Como decía, las intervenciones de representantes de entidades es cada vez más común. Hasta aquí, todo es razonable. Pero lo que no puedo entender es lo que pasó ayer. Me explico.
Una entidad hace una solicitud al Pleno para que se actúe de determinada manera sobre el territorio (la concreción es innecesaria, pero aclararé que versaba sobre el transporte público y el futuro recorrido del tranvía). Y pide, de manera expresa que se convoque una consulta popular para que el Ayuntamiento actúe en el sentido que "el pueblo" se exprese.
Ante la negativa -no recuerdo si expresa o tácita- del gobierno municipal, el portavoz de la entidad lo acusa de antidemocrático y manifiesta que esa actitud es una burla a la democracia.

Vamos a ver. La democracia implica varias cosas: una, que todas las opiniones son legítimas, TODAS, también la de los políticos; otra, que toda actuación política debe hacerse con respeto a las normas que EL PUEBLO, de forma directa o por la vía representativa, ha dictado. Y esas normas dicen que los representantes del PUEBLO en el municipio son los concejales, DEMOCRÁTICAMENTE elegidos por sufragio universal. Dicho de otra manera, con todo el respeto del mundo y para que nadie se confunda, a mi me representan en la institución los 21 concejales que ayer se reunieron y no uno o cincuenta presidentes de una o cincuenta entidades a las que uno se puede adherir o no.
Pero es más. Me niego a tener que decidir sobre aspectos complejos de la gestión de la ciudad. Quiero opinar, pero no decidir. Para decidir ya elegí -elegimos-. Esa es la diferencia entre la participación (opinión, trabajo conjunto, toma en consideración de las inquietudes de la sociedad...) y la dictadura del proletariado (?).

No quiero un sistema político asambleario. Me gusta el sistema representativo, que debe mejorar y evolucionar hacia un sistema más participativo, pero que no tiene nada que ver con un sistema basado en la ley del más gritón.

Claro que pensándolo bien, deberían convocarse referéndums para decidir las subvenciones a conceder a las entidades o para decidir si deben poder usar tal o cual local público.


27 enero 2006

200 anys de no-evolució

Feia dies que tinc abandonat el meu quadern. Algun amic fins i tot m'ho ha retret, la qual cosa és tot un honor, dons vol dir que hi ha algú a l'altre costat. De totes maneres, hi ha una explicació: fins fa quatre dies estava concentrat en la LEC, el Codi de Successions, la Llei Concursal, els Concordats amb la Santa Seu (dona per obrir una pàgina específica, us ho asseguro) i la Llei General Tributària. Enteneu que estigués off line, oi?

En aquests dies de més tranquil·litat intel·lectual he començat a rellegir un dels meus autors preferits, Mariano José Larra, el gran assagista del segle XIX (ostres, ja ni tan sols del segle passat!!) i m'estic adonant de que aquest país (posseu la frontera on volgueu, ja sigueu pro-estatut, anti-estatut o pro-preàmbul) no ha canviat en els darrers 200 anys.
Continuen existint els mateixos esteriotips que descriu Larra, amb la diferència de que ell els descriu amb molta sutilesa i ara li diríem (oi, Félix?), simplement gilipolles.
Continua existint el senyor que parla sense saber de que parla però vol fer veure que sap molt del que parla. És el que podriem dir un enteradillo.
Cada cop hi ha més gent que parla sabent del que parla, però dient el que altres volen sentir. És l'anomenat pilota.
I no dic res d'aquells que diuen el contrari del que pensen, pensen el contrari del que diuen i així sempre estan emparats, facin el que facin. I a sobre, tenen la barra de criticar el que fas per després fer el mateix que tu, emparats en el recorrent i falaç "i tu, més". Estem davant d'un demagog o d'un hipòcrita.
I les converses de carajillo, darrerament en procés de reconversió a convereses de croïssant, van canviant de tema (passem del futbol a l'Estatut, com si en Mas hagués marcat un gol estant en fora de joc, segons versió ERC), però no pugen de nivell.
Ara bé, trobo a faltar en els seus articles una referència a un personatge al que desprecio enormement: aquell que, donat-se-les d'algú que et coneix, jutja els teus actes, els valora i reparteix carnets de bó o de dolent. Són els que pateixen el mal del capellà. S'haurien d'aplicar allò de "no jutgis i no seràs jutjat".

Total, el gilipollisme és una manera d'entendre la vida. I el més fotut és que ens creiem que som una societat avançada. PAÍS!!

31 diciembre 2005

Feliz 2006, o lo que el humo se llevó



¡Por fin se acaba el 2005!
La Reina de Inglaterra lo denominaría annus horribilis.
En todo caso, desde este rinconcito, FELIZ 2006. Que el nuevo año os traiga todo aquello que os merecéis.
Este año que comienza viene con una gran novedad legislativa: la Ley 28/2005 de 26 de diciembre, la llamada Ley Antitabaco.
Al margen de que la norma pueda tener una difícil aplicación directa (ya me dirán como van a poder sancionar a quien fuma en lugar prohibido -cuando un cigarrillo se consume en 5 minutos- si no es cazado in fraganti por una agente de la autoridad), la considero de una gran valentía política y sumamente acertada.
Si a la política siempre se le ha criticado que van por detrás de los hechos (por ejemplo, la regulación de las adopociones por parejas homosexuales) esta ley rompe, junto con otras muy recientes, ese tópico. La gran virtud de la Ley 28/2005 es que se habla de ella. Tiene detractores (entre muchos no fumadores, cosa curiosa) y muchos admiradores, lo que ha provocado gran debate social.
Y esa es su fuerza. Los no-fumadores ya sabéis que tenéis derecho a no respirar aire contaminado por el tabaco y que existe base legal para actuar (?) contra los que incumplan las estrictas y clarísimas normas. Los fumadores maleducados ya saben que se encontrarán con quien le diga "aquí está prohibido fumar, apague el cigarrillo". Y digo fumadores maleducados porque los educados no fumamos donde hay niños, ni en los locales públicos (excepción de los establecimientos de restauración), ni en el metro...
Así que mis felicidades a Zapatero y su equipo. Retiró las tropas de Irak (¡que alivio!), aprobó la ley contra la violencia de género (discutida y discutible, pero valiente), reconoció el derecho a la no discriminación de los homosexuales y ahora se atreve a meterse con los fumadores.
¿Será que el cambio se está produciendo y en el Gobierno sólo manda el Gobierno y no los americanos, la iglesia católica y las empresas tabaqueras? AMÉN.

19 diciembre 2005

Boicots y otras hipocresías

En la tarde del pasado sábado asistí divertido a una conversació en la cola de la pastería. A la pobre propietaria se le acababan de romper unas docenas de botellas de vino Ribera del Duero, lo que dió pie a un mitin anti-boicot a los productos catalanes por parte de una señora que esperaba a que las aguas (bueno, el vino) volvieran a su cauce.
La señora en cuestión argumentaba, con acierto, que el boicot al cava catalán, aparte de una indecencia, era una barbaridad, ya que el vidrio, el corcho, el papel, etc. necesario para la distribución del cava se produce fuera de Catalunya. Pero lo mejor vino cuando alguien le preguntó:
-¿Y de quién es la idea del boicot?
-Del PP, por supuesto. Pero el origen está en el tripartito. Si estos no gobernaran, el PP no haría estas cosas.
¡Genial! No merece más comentarios el silogismo. Se descalifica por si solo.

Pero el tema me hizo pensar sobre la hipocresía que envuelve el tema del ya famoso boicot.

La gente es libre de comprar lo que quiera y dejar de comprar lo que le dé la gana. Pero lo que no es aceptable es tanta hipocresía en los argumentos. Me explico.

¿Cuántos patriotas (de hojalata o de madera, es igual) han dejado de consumir productos de empresas que contaminan nuestras aguas, matan nuestra flora o ponen en peligro la fauna?
¿Cuántas de ellas han dejado de ponerse abrigos de visón (especie en peligro de extinción)?
¿Han dejado de adquirir productos fabricados por empresas que usan niños como mano de obra?
¿Se niegan a consumir lo que producen las empresas que pagan menos a las mujeres por el hecho de ser mujeres?
¿Siguen comprando artículos producidos por empresarios que no respetan los derechos de los trabajadores?
¿Usan papel reciclado o satinado?
¿Cuántos de estos boicoteadores (de aquí o de allá) han visionado alguna vez pornografía infantil?

Y podría seguir.

Yo confieso que me gusta el jamón extremeño porque es bueno, el vino de La Rioja por su calidad, las naranjas valencianas y los zapatos de alicante. Y la ropa debe ser china, supongo, por aquello de la globalización.
Y también confieso que no reciclo de que debería y que no miro los códigos de conducta corporativa de las empresas a las que compro.

Será que no soy buen patriota, ni de estos ni de aquellos.

14 diciembre 2005

Podríamos hacer caso a los niños


Los pensamientos de los niños suelen ser simples y sorprendentes, pero no por ello debemos obviarlos.
Lo que os voy a contar me pasó con mi hijo David, de sólo 5 años, hace unos días.

No recuerdo el inicio de la conversación, pero en un momento le dije que su abuelo, mi padre, no cobraba mucho dinero. Mi hijo, sorprendido, me contestó "¡Pero si el yayo trabajaba haciendo coches! ¿Por qué no cobraba mucho?". Le expliqué que en la Seat no tenían grandes sueldos (algunos están a punto de perder su salario, incluso).
Casi enfadado, me contestó "¡Pero, papá, si Fernando Alonso, que sólo conduce coches cobra mucho dinero!, ¿como puede ser que los que los fabrican cobren poco?".

La frase me dejó pensativo. Carl Marx hizo todo un tratado sobre teoría económica, en el que, en resumen, venía a decir lo mismo. Y mi hijo, que va a P-5, ya ve claro que esto de la diferencia de clases no está bien.

Sólo espero que la sociedad de consumo no le estropee tan bello pensamiento.

He tardado unos días en iniciar mi periplo literario-filosófico en este blog, y no ha sido por pereza, sino porque he pensado mucho que contedio darle a esta primera intervención. Cuando decidí crear este espacio tuve muy claro porqué quería hacerlo, y os lo quiero explicar.

Mi pasión por el debate, el libre pensamiento y la tolerancia a las ideas de los demás arranca en mi infancia. Y se la debo a mi padre.
Con Juanjo discutía a diario. Discusiones sobre temas intrascendentes, o sobre valores, o sobre política, y hasta sobre fútbol. Hablábamos con vehemencia, hasta elevando el tono de voz, pero siempre con respeto y con una sonrisa en los labios.
De él aprendí que lo más importante son siempre las personas. Sus problemas, sus sentimientos, sus anhelos; en resumen, su corazón.

Este mes de febrero me dejó huérfano. No sólo perdí a mi padre: perdí a mi amigo, mi mejor amigo (nunca te lo dije, error de hijo), a mi compañero de filosofías, a mi compañero de batalla. Perdí a esa persona de la que sabía que siempre perdería las partidas, como cuando jugábamos al ajedrez y se dejaba ganar, simplemente porque me quería. Perdí a mi maestro, al profesor que prefería que dudara de sus enseñanzas a convencerme porque eso me hacía más libre y más fuerte.
Ahora, cuando no le tengo para plantearle mis pensamientos inútiles, cuando no puedo pedirle consejo sobre lo que está bien y lo que está mal, cuando no puedo escuchar lo que piensa sobre la LOE, sobre la situación de SEAT, sobre la solución a los accidentes de tráfico o sobre si Catalunya es o no una nación, escribo mis pensamientos en la red. Con la esperanza de que desde su escaño en el mundo de los justos se conecte algún día y nos diga la suya. Con su sabiduría.

Papá, espero tus correos.